Famoso es el escudo hispalense con el que el rey Alfonso X el Sabio agradeció a la ciudad de Sevilla, su fidelidad durante las guerras dinásticas que en su vejez tuvo que sostener contra su hijo sancho, se trata de un jeroglífico formado por las sílabas NO-DO, con una madeja en medio, y cuya lectura NO-madeja-Do es transcripción fonética de 'no me ha dejado'. En la actualidad este anagrama puede encontrarse en cualquier lugar de Sevilla.
Del 1 de Octubre al 18 de Diciembre de 17:30-18:00 h, los martes, miércoles y jueves
A partir del 18 de diciembre de 18:00-18:30. Las visitas serán guiadas.
Del 26 de junio al 16 de Septiembre permanecerá cerrado al público.
En 1526 el emperador Carlos V elige Sevilla para casarse con la infanta Isabel de Portugal. Este hecho hizo que el consejo, formado por los Caballeros Veinticuatro, a levantar una nueva sede acorde con la importancia de la ciudad, ya que hasta ese momento se reunían en unas casas situadas en el Coral de los Olmos, junto a la Catedral. Era un local insuficiente, que además tenían que compartir con el cabildo.
Se eligió para su construcción el lugar que ocupaban las antiguas pescaderías junto al convento de San Francisco. El terreno que ocupaba el mismo fue en la antigüedad cauce de un brazo del Guadalquivir, en un eje que procedía de la Alameda de Hércules y la calle Sierpes, y se prolongaba por la avenida de la COnstitución. De hecho, la construcción de algunos edificios en la posterior PLaza Nueva permitió confirmar la situación del antiguo puerto romano en dicho lugar, ya que durante las excavaciones se hallaron cimientos del muelle y restos de barcos.

Para la construcción de la nuevas Casas consistoriales se elgió a Diego de Riaño, quien también sería arquitecto de la sacristía mayor de la Catedral. trabajó en el proyecto entre 1527 y 1534 (año de su muerte), ofreciéndose así el primer ejemplo de renacimiento sevillano en exteriores, aunque el Arquillo y el casetón, situado a la izquierda, fue realizado por Juan Sánchez hacia 1535. En 1560 se decide ampliar el edificio hacia el norte. La nueva extensión era una galería portificada de dos pisos, diseñada y cosntruida por Hernán Ruiz, que actualmente no se conserva, ya que fue derribada en el siglo XIX por ruina, tras esto se decidió hacer una fachada que prolongase el edificio plateresco, no obstante, la decoración de esta parte del edificio no se llegó a terminar, por eso hoy podemos ver la fachada con los bloques de piedra preparados para ser tallados. La cosntrucción se prolongaría hasta 1572, y en ella colaborarían importantes maestros.
La
fachada de la Plaza de San Francisco quedó configurada por cinco espacios divididos por pilastras y columnas, todo ello decorado con relieves de grutesco, en el más puro estilo plateresco. Sin embargo, el labrado de dicha fachada solo alcanzó algo más de la mitad. En ella abundan medallones y figuras alusivas a la ciudad y la monarquía, como son las estatuas del siglo XIX dispuestas a ambos lados del Arquillo. Estas representan a Hércules, como fundador de la ciudad según la mitología, y a Julio César, fundador histórico. Cabe destacar el escudo hispalense con el que el rey Alfonso X el Sabio agradeció a esta ciudad su fiseñidad durante las guerras dinásticas que en su vejez tuvo que sostener contra su hijo Sancho; se trata de un jeroglífico formado por las sílabas NO-DO, con una madeja en medio, y cuya lectura NO-madeja-DO es transcripción fonética de 'no me ha dejado'. En la actualidad este anagrama puede encontrarse en cualquier lugar de Sevilla.

En la planta baja del edificio destaca el vestíbulo de estilo gótico-renacentista, y la sala capitular baja, con bóveda rebajada de casetones decorados con relieves de monarcas españoles. Subiendo las escaleras, cubierta por una cúpula de elegante labrado, se llega a la sala capitular alta, con precioso artesonado dorado. El pendón de la ciudad del siglo XV, las mazas de plata del XVI, y diversas obras pictóricas de Zurbarán, Velázquez y Valdés Leal hasta autores contemporáneos, son algunos de los ricos fondos expuestos, El salón de Colón, destinado a recepciones, muestra una lujosa decoración.
El
convento de San Francisco fue víctima de las reyertas del siglo XIX. Destruido durante la invasión francesa, posteriormente reconstruido en parte e incautado a la iglesia con la Desamortización, sería demolido finalmente para abrir en su solar la que seria desde 1852 la plaza mayor de Sevilla, la Plaza Nueva. Del convento de San Francisco solo se conserva la Capilla de San Onofre, medio oculta entre los edificios. Con la apertura de la plaza, la fachada del Ayuntamiento vivió importantes reformas y ampliaciones, cerrándose el edificio por este lado en 1891 con una fachada de traza neoclásica, rematada por un reloj, aunque para ello hubo de derribarse la galería de Hernán Ruiz, ya nombrada. Un monumento ecuestre a Fernado III, proyectada en stilo neobarroco por Juan Talavera, vigila desde el centro de la plaza desde 1924.
Así pues, el Arquillo del Ayuntamiento se construyó para dar acceso al convento entonces adyacente, como lo atestiguan los dos escudos con las cinco llagas de San Francisco que lo rematan. Es obvio que la
plaza de San Francisco tomó el nombre de dicho convento. Esta plaza ha sido a lo largo de los tiempos el corazón de Sevilla, en ella se han celebrado torneos medievales, recibimientos de monarcas, corridas de toros y ejecuciones, aunque es tristemente célebre por los actos de fe de la Inquisición, que en ella destacaron por su número y crueldad. Hoy en día e punto de estación preferente en la Semana Santa, cuando se llena de palcos, o en la procesión del Corpus Christi. Una figura de Juan de Bolonia representando a Mercurio, dios del comercio, remata una fuente de 1576 que se ubica en dicha plaza.